
Aprovecho para agradecer a las personas que lo difundieron en escuelas y bibliotecas, a los amigos que siguen recomendándolo. Con decirles que hay unos chicos de un colegio que, para fin de año, quieren hacer una versión teatral del Cardón!! Estoy emocionado y no pienso perdermelo por nada del mundo!! Les voy mandando el Prólogo, para que vayan teniendo una idea del tono de la novela. ¡¡¡Espero comentarios!!!
Prólogo- ¿Y ahora qué hacemos?- me pregunta mi amigo Pierre, el montículo de piedras más antiguo del mundo, mientras una inesperada nieve de verano empieza a cubrirlo.
- Y… sobrevivir- le respondo.
- Bueno, Cardón –dice Pierre- al menos es un plan...
- Pero no tengo mucho más –admito.
Pierre observa la nieve que empieza a acumularse sobre mis brazos y dice:
- Para mí con eso basta. Sobrevivir no es un mal plan.
- Y vamos a tener que ponernos en marcha –agrego.
- ¿No era que no tenías un plan? –se queja Pierre al intuir que su tranquilidad está por llegar a su fin.
- Es que se hace tarde, Pierre.
- ¿Tarde para qué?
- Para todo –alcanzo a decirle antes de que la nieve nos cubra por completo.
*
El mundo tiene caminos y atajos, respuestas y trampas. El problema es que ya tomamos demasiados atajos y que nunca dejamos de hacer trampa. Y ahora estamos acá, al final de un camino cubierto de nieve y de silencio. Y, aunque cueste aceptarlo, no podemos volver atrás.
Llegamos a lo alto de una colina gracias a Mara, una pequeña niña de unos siete años, la personita más vivaz y perseverante que se haya concentrado en un metro cincuenta de pura bondad. Mara tuvo la gentileza de traer su carrito de juguetes para transportarnos a mí y a Pierre hasta la cima. Desde ahí, Pierre mira el camino que dejamos atrás y me pregunta:
- ¿Ves eso? –pero sólo me indica un punto incierto en la llanura, completamente cubierta de nieve.
- No veo nada –le respondo.
- Nada- repite él con tristeza- es lo que queda de nuestra casa.
Mara se asoma y, con inocencia, acota:
- A mí me parece una hermosa pista para patinar.
- Lo único que faltaba, el palo de púas con patines… -se burla Pierre.
- Sería un gran patinador –digo en mi defensa.
- ¿Con qué pies, Cardón?, ¿con qué pies?-exclama Pierre de manera teatral.
- Ay, señor Pierre –se queja Mara- usted siempre tan rígido. yo creo que el Señor Cardón tendría un excelente equilibrio. Además, yo lo ayudaría con la técnica.
- Nom de Dieu… lo que hay que escuchar – gruñe Pierre.
- ¿Y cuál es su problema con el optimismo? –pregunta Mara con curiosidad.
- El optimismo es una carrera de ciegos hacia el abismo con un cuadro de Magritte como premio –dice Pierre, creyéndose el ser más inteligente del mundo.
- Ya va a ver usted: un día de estos nos vamos a preparar con el Señor Cardón y le ganamos cualquier carrera.
- Mara –interrumpo- no vamos a correr ninguna carrera...
-¿Por qué? –quiere saber Mara.
- Porque no hay caminos; no hay rumbos… no hay nada. Además, ya es tarde. Es tarde y no tenemos casa. Así que…
- Así que nos ponemos en marcha –completa Pierre al notar que se me había quebrado la voz por la tristeza.
- Nos ponemos en marcha. –acepta Mara, y lo poco que quedaba de sol se esfuma, como apagado por tanta nieve, y tanta tristeza.